Escribe: Kenny Castillo – Egresado de la UCV
Estamos a puertas de un proceso electoral y no es nada nuevo que Acuña involucre a la UCV en parte de su campaña. Como egresado de esta casa de estudios, considero que tengo no solo el derecho, sino también la legitimidad moral para pronunciarme.
En cada antesala de una elección presidencial o regional se repite el mismo patrón: la instrumentalización de la universidad con fines políticos. Aunque esto se intente negar, amparándose en interpretaciones legales convenientes, el manejo resulta cada vez más evidente e irresponsable.
Desde el uso de instalaciones universitarias como espacios para almacenar propaganda partidaria (2014), hasta lo revelado recientemente por medios nacionales, sobre el supuesto “préstamo” de más de un millón de soles que Alianza para el Progreso (APP) mantiene con la Universidad César Vallejo.

¿Cómo puede una universidad terminar financiando a un partido político sin que ello constituya una falta grave? Además, este año, el nombre de César Acuña aparece de manera reiterada en comunicaciones institucionales de la UCV. Incluso se han enviado correos a egresados, como yo, invitándolos a seguir sus redes sociales personales. ¿Realmente no existe aquí un conflicto de intereses evidente? En 2016, ante cuestionamientos similares, la universidad optó por retirar la imagen de su fundador de la publicidad institucional, ante el pedido del JEE. Hoy, lamentablemente, está pasando por agua tibia.
este escenario se suma un aspecto aún más preocupante y poco discutido: la contratación, dentro de la UCV, de militantes o cuadros vinculados a APP que han sido sentenciados por delitos de corrupción. Aunque, su hermano Humberto Acuña y el exalcalde de Víctor Larco prófugo, Carlos Vásquez Llamo, fueron absueltos por el Tribunal Constitucional (TC) por estos cargos, ¿qué mensaje ético se transmite cuando una institución educativa normaliza este tipo de vínculos y decisiones? ¿Qué valores se están formando realmente?
Qué tendríamos que hacer los estudiantes y egresados para que, como ocurrió en el pasado, César Acuña y su entorno separen de manera definitiva, y no solo coyuntural, ¿al partido político de la universidad? Miles de jóvenes, y sus familias, especialmente de provincias y distritos alejados, realizan enormes sacrificios económicos y personales para acceder a la educación universitaria, pero el uso político de la UCV solo termina dañando la reputación de sus egresados en el mercado laboral.

Si a César Acuña no le interesa el daño que está generando en los egresados de su universidad, ¿podrá interesarle la ciudadanía en una eventual presidencia del Perú? Mi rechazo no es hacia la UCV ni hacia su personal docente, administrativo o estudiantes y egresados; es, clara y directamente, hacia César Acuña.
Muchos sugieren, en redes sociales que, como estudiante o egresado de esta universidad votamos en automático por un político como este, pero “me eduqué tan bien en la UCV, que jamás votaría por César Acuña”. Una frase con la que me topé, de alguien que pasó por las aulas de esta universidad y que no se siente representado por la política que hace Acuña.

Yo sí soy egresado de la UCV, pero no voto por Acuña.
