El mapa electoral peruano se va armando. Tras la asonada de golpe, el posterior terremoto destruyó la imagen y la poca credibilidad de algunos candidatos y, con ellos, sus respectivos partidos políticos. Sin embargo, las concurrencias electorales siguen su camino y vamos viendo las claras (o turbias) intenciones que van apareciendo en el panorama.

Tras la intentona, los partidos que apoyaron la vacancia de Martín Vizcarra quedaron bastante magullados, pero otros se sintieron fortalecer. La recomposición de estos comenzó con actos cínicos como el de Manuel Merino quien, muy orondo, ha dado discursos y conferencias en los que no acepta su posición golpista, acción que causó zozobra en el país y dejó dos jóvenes muertos; su asonada terminó con un nuevo gobierno que tuvo que ascender prematuramente sembrando dudas y topos que anuncian cierta ingobernabilidad hasta el 28 de julio del año entrante. Todo esto con el apoyo de su bancada. Ergo, Acción Popular está asumiendo, como partido, todo el pasivo gestado por todos los miembros de su bancada. El otro caso, ya casi hasta la ridiculez, fue los diversos comunicados emitidos por el líder de APP para excusarse ante la opinión pública por el comportamiento de “su” bancada en la votación que se tumbó a Vizcarra. Las marchas en Trujillo siempre se dirigieron hacia el local principal partidario en San Andrés y la gente, muy molesta, protestaba con gruesos insultos por su abierta felonía y podía verse que no eran solo los marchantes los que gritaban indignados, sino también los vecinos al local se adherían a las protestas con sus cacerolas por las ventanas. Desde ese entonces, los principales han tenido marchas y contramarchas en ese partido que no sabido leer la reacción popular; y peor aún con las contradicciones que están surgiendo en la disputada alcaldía por cuestiones judiciales están poniendo ciertas estocadas que provocan la indignación de la ciudadanía. La renunciante Carmen Omonte sigue en la plancha presidencial, por ejemplo; pese a que la dirigencia ha dado la orden de que todos los renunciantes sean separados de sus cargos o sacados de las listas de candidatos. Hernando de Soto es un candidato del cual puede esperarse cualquier cosa; lo recuerdo de sus ancestrales amistades con Enrique Ghersi, amistad que terminó en una bronca memorable de dimes y diretes. En su presentación “partidaria” olvidó el nombre de su partido, cual vientre de alquiler, que lo acoge. Esas aventuras de “adecuarse a las circunstancias” hacen a una persona peligrosa, inconstante y con la posibilidad de que su pragmatismo lo gane por encima de todas las personas que lo podrían llevar al poder; lo único bueno es que muestra, de manera transparente, lo que son casi todos los demás candidatos. Esta es la historia, también, de Marco Arana, quien ha mutado en convertirse, por el manejo partidario, prácticamente en un cabecilla.  Pero las mutaciones más notables han sido la de Hernando (Nano) Guerra García o la de Fernando Rospigliosi. Ambos fueron duros críticos del fujimorismo, con aseveraciones y críticas contundentes sobre estilo de gobierno y denuncias de corrupción; ahora son acogidos por el partido que defenestraban.

Por eso, pésimos ejemplos de política al estilo peruano. Y veamos qué sorpresas tendremos en las listas de congresistas. Ya estamos viendo lo que es el anterior y actual congreso con gente de los partidos que ponen a estos candidatos. El panorama electoral es desalentador, nada digno para nuestro Bicentenario. ¿En realidad, nos merecemos esto? Como sociedad civil, nos hemos dormido mucho tiempo.

Gerardo Cailloma

[email protected]