Escribe: Wilson Aranda Roncal
Lo primero que salta a la vista es la gran cantidad de partidos y partiduchos que han entrado en liza y que al momento de escribir estas líneas son 34 los que han inscrito su fórmula presidencial ante el Jurado Nacional de Elecciones (JNE). Lamentablemente, el elevado número de agrupaciones políticas expeditas, en lugar de significar un fortalecimiento de nuestra sufrida democracia, es la esencia de su debilidad, su talón de Aquiles.
Efectivamente, esta cantidad de partidos va muy dispareja con su calidad, referida esta última a representantes honestos en las listas de diputados y senadores, cuadros técnicos que hagan una buena gestión al frente del país, planes de gobierno coherentes que garanticen un desarrollo y no una involución o estancamiento a través de ideologías fracasadas que la realidad ha puesto en el basurero de la historia. Sí, para no hablar de modo sibilino, me refiero a los grupos y grupúsculos que basan su esencia en el marxismo o el “socialismo del siglo XXI”.
Lo inaudito es que las organizaciones políticas de corte comunistoide o “izquierdista”, no creen en la democracia, buscan destruirla desde dentro, cual caballo de Troya. Eso queda palmariamente demostrado cuando defienden regímenes como la dictadura de Cuba y la que estuvo en Venezuela con Nicolás Maduro; es decir quieren replicar esos modelos en tierra peruana. ¡Terrible! ¿Votaría usted por un partido que pretende hacer en Perú una “revolución” (“robolución”) a la cubana o a la venezolana? Bueno, hay gente que sí. Pero con seguridad, es por fanatismo o por ignorancia.
Mucho se habla de “izquierda democrática”, el autor de estas líneas no cree en ello. Eso es un oxímoron. Pero la frase “izquierda democrática” suena bonito para ganar votos.
La Valla Electoral
Es cierto que muchas de las organizaciones que disputarán la primera magistratura de la nación no pasarán la valla electoral del 5%, y perderán su inscripción ante el JNE. Pero eso será después de los comicios de 2026 en donde se usará una cédula de dimensiones colosales para albergar los símbolos partidarios, lo cual refleja no una democracia fuerte, sino una fragmentación peligrosa que puede causar inestabilidad, como vemos en el actual Legislativo.
El candado democrático para evitar la proliferación de agrupaciones políticas es tener requisitos más exigentes para la existencia de las mismas. Empecemos por subir el número de firmas de adherentes que deben presentarse ante el JNE, pese a que muchos puedan decir que eso es antidemocrático porque pone trabas a la aparición de nuevas tiendas políticas. En realidad, se busca que haya partidos con respaldo ciudadano, cuyas rúbricas deben ser verificadas para evitar “fábricas de firmas”.
Además, cada partido debe tener bases y locales activos en la mayoría de provincias de las regiones del país. No creo que sea el caso de aquellas organizaciones desconocidas con símbolos sui generis que buscan llamar la atención y solo aparecen en la cédula porque se han inscrito con baja cantidad de firmas. La actividad partidaria debe ser verificada, no deben existir locales fantasmas o de fachada. Creo que técnicos y expertos en sistema electoral pueden plantear otras medidas, pero, repito, el objetivo no es repetir la plétora actual de agrupaciones políticas.
Democracias Sólidas
En países de Europa occidental como Alemania, Francia, Italia el número de organizaciones políticas de dimensión nacional y consolidadas gira alrededor de diez, si bien hay muchos movimientos regionales que apoyan y forman coaliciones con los partidos más grandes. Son países con una larga tradición democrática, con instituciones sólidas. Recordemos que Italia y Alemania tuvieron que reconstruir sus democracias tras vivir los horrores del fascismo de Benito Mussolini y del nacionalsocialismo de Adolf Hitler, respectivamente. En Estados Unidos, históricamente, desde el siglo XIX son los demócratas y los republicanos quienes se han disputado la presidencia.
Volviendo a nuestra realidad, Perú no tiene una sólida institucionalidad democrática y la gran cantidad de partidos que se disputan la presidencia así lo confirma. Se hace necesaria una verdadera reforma electoral, pero con fundamentos técnicos y no ideológicos o partidistas. Una clase política decente se logra con filtros y perfiles rigurosos al interior de cada agrupación, para garantizar que la banda presidencial no sea un botín de cualquier perro, pericote o gato.
