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El Derecho Internacional, Maduro y la hipocresía de la «izquierda»

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Escribe: Wilson Aranda Roncal

La captura de Nicolás Maduro Moros, sátrapa de Venezuela, quien la madrugada del 3 de enero de 2026 fue sacado de Caracas por un equipo de comandos de las Fuerzas Armadas de Estados Unidos ha hecho fluir mucha tinta, saliva y bilis de parte de quienes critican su extracción con la cantilena de que no se respetaron el derecho internacional, la diplomacia y el principio de no intervención entre estados.

Son voces, en su mayoría, de gente de “izquierda”, “socialistas”, “comunistas”, “caviares” y demás hierbas que cree que dichos instrumentos internacionales solo sirven para proteger a una dictadura, en este caso, la de Nicolás Maduro Moros, haciendo tábula rasa de los derechos que tiene el pueblo oprimido por el pesado yugo que le impuso Hugo Chávez Frías y luego su delfín, encerrado ahora en una prisión yanqui.

Maduro, fue uno de los exponentes de ese mejunje ideológico llamado “socialismo del siglo XXI” que solo ha servido para empobrecer más a los países iberoamericanos en donde, lamentablemente, las agostadas ideas marxistas trataron de hallar nueva savia a través de la demagogia y la represión policíaca.

Ejemplos palmarios: en Bolivia, el “comunista-socialista-izquierdista, etc.” Evo Morales Ayma quiso continuar en 2019 su “reelección indefinida” considerándola como un “derecho humano”. ¡Cinismo sin parangón! Es decir, perpetuarse en el poder es un derecho … ¡humano! Morales trató de armar una especie de secesión en el sur peruano, pero ahí, a los defensores de Maduro no les importa la “no injerencia”.

En Nicaragua, los esposos Daniel Ortega y Rosario Murillo se mantienen en el poder a través de una fuerte represión contra los opositores. Esta pareja de “socialistas del siglo XXI” no ha dudado en deportar y encarcelar a sacerdotes que critican su régimen corrupto.

Cuba se cae a pedazos porque ya no tiene países que la apoyen económicamente. Peor aún, la ayuda que recibe es pagada con sangre de cubanos, como lo demuestran los 32 militares isleños muertos durante la captura de Maduro, pese a que el régimen comunista de los Castro negara la presencia de sus agentes en Venezuela. En Brasil, el ladrón y corrupto Lula da Silva, quien garantizaba a Odebrecht en sus proyectos mafiosos en nuestro continente, estuvo en la cárcel y fue liberado no por ser inocente, sino por fallas en los procedimientos judiciales.

En México, el narcogobierno “izquierdista” de Andrés López y luego de Claudia Sheinbaum han hecho del derecho de asilo una institución para proteger a gente corrupta o con problemas legales. Dos casos nos atañen directamente: el salvoconducto a la esposa del golpista Pedro Castillo, quien ahora vive a la manera “capitalista” en tierras mexicanas, y el refugio otorgado en su sede diplomática de Lima a la exprimera ministra Betssy Chávez Chino, que enfrenta serios procesos judiciales.

El “socialismo del siglo XXI” es culpable del mayor descalabro económico de Venezuela. Han causado el éxodo de unos 8 millones de venezolanos a otras naciones, entre ellas, Perú. Este desmesurado flujo humano se ha convertido en un problema de seguridad por las mafias llaneras del Tren de Aragua y otras.

Los hipócritas de izquierda, el caviarismo, el comunismo, etc. (en realidad todos son rojos, pero con diferente intensidad), olvidan que se hizo presión diplomática muchas veces para que Maduro deje el poder pacíficamente y no dio resultado; se le impuso sanciones económicas, tampoco se consiguió apartarlo, peor aún, con elecciones amañadas se atornilló en el sillón presidencial.

Demás está decir que Maduro, nunca hubiera dejado la banda presidencial si no hubiera por la fuerza. En cuanto a las rabonas y plañideras que dicen que la actuación estadounidense fue ilegítima, solo pregunten a los millones de migrantes venezolanos que salieron a bailar en diferentes plazas del mundo celebrando la defenestración del tirano.

La forma en que se capturó al narcodictador, si no era la deseable, fue necesaria en este caso puntual, porque Maduro nunca hubiera salido con sanciones económicas, presiones diplomáticas o exhortaciones vacuas que no tomaban en cuenta los sufrimientos de la nación venezolana. Así pues, los instrumentos del derecho internacionales no deben servir para proteger a los dictadores u opresores de los pueblos, de cualquier pelaje ideológico que tengan, sino para velar que las naciones se desarrollen en democracia.