Inicio Artículo de opinión El derecho a elegir exige el deber de informarse, un ciudadano mas informado es menos manipulable

El derecho a elegir exige el deber de informarse, un ciudadano mas informado es menos manipulable

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Escribe: Marlene Zapata

El año pasado, Arellano Consultoría para Crecer presentó en exclusiva para Radio Programas del Perú (RPP) el estudio ¿Cómo vota el Perú?, cuyos resultados evidencian una preocupación extendida entre la ciudadanía: el 89% de los entrevistados considera que no saber elegir adecuadamente se traduce en autoridades de mala calidad.

En esa misma línea, durante el CADE Universitario de IPAE Acción Empresarial, la consultora dio a conocer los hallazgos del Análisis sobre la Participación Juvenil en los Procesos Electorales y su Impacto en el Futuro del País. El estudio revela una paradoja inquietante: aunque el 66% de los jóvenes de 18 a 24 años reconoce que su voto es importante, solo el 21% afirma informarse adecuadamente antes de acudir a las urnas. Un dato que pone en evidencia la brecha entre la conciencia cívica y el ejercicio informado del poder ciudadano.

Así las cosas, resulta imprescindible que el ciudadano aprenda a leer, cruzar e interpretar las herramientas que el propio Estado peruano ha puesto a su disposición en el marco del gobierno abierto, la transparencia y el acceso a la información, especialmente a lo largo de la última década. El problema no es la ausencia de datos, sino la falta de una cultura cívica que los utilice para tomar decisiones informadas.

Porque hoy el votante no puede limitar la evaluación de los candidatos a una búsqueda rápida en Google ni al consumo de titulares, rumores o chismes en redes sociales. Elegir autoridades exige ir más allá de la superficie y acceder a información verificable sobre la trayectoria personal, profesional y el desempeño público de quienes aspiran a gobernar.

Esa información existe y está disponible en las bases de datos del propio Estado: en el Jurado Nacional de Elecciones, el Poder Judicial, la Contraloría General de la República, la Autoridad Nacional del Servicio Civil (SERVIR), el Ministerio de Economía y Finanzas o el Organismo Especializado para las Contrataciones Públicas Eficientes (OECE). Consultarlas no es un acto técnico reservado a especialistas, sino una forma concreta de ejercer ciudadanía y de convertir el voto en una herramienta real de control democrático. Además, aprender a revisarlas asegura la posibilidad de control si es que este saliera electo.

Empecemos por lo básico: saber dónde mirar. El portal del Jurado Nacional de Elecciones (JNE) ofrece una de las herramientas más valiosas —y paradójicamente menos utilizadas— para ejercer un voto informado: la plataforma Voto Informado (https://votoinformado.jne.gob.pe/home). Allí, el ciudadano puede acceder a información organizada por tipo de elección —presidencia y vicepresidencias, diputados, senadores y Parlamento Andino— sin intermediarios ni interpretaciones interesadas.

En la sección Conoce y compara presidente y vicepresidentes (https://votoinformado.jne.gob.pe/presidente-vicepresidentes), el JNE presenta el listado completo de 36 candidaturas presidenciales, ordenadas alfabéticamente por partido político. Un simple clic basta para acceder a la fórmula presidencial, las hojas de vida de cada integrante, el plan de gobierno completo, su resumen ejecutivo y, lo que resulta especialmente relevante, el desglose del plan en cuatro dimensiones clave: social, económica, ambiental e institucional, cada una acompañada de metas e indicadores.

No se trata de información menor ni decorativa. Es, en realidad, la materia prima para evaluar propuestas, contrastar discursos y detectar improvisaciones. Ignorar estas herramientas no es un problema de acceso, sino de decisión. Y en democracia, decidir no informarse también tiene consecuencias.

Por eso, esta reflexión no termina aquí. En las próximas entregas revisaremos, paso a paso, dónde y cómo seguir buscando información clave sobre los candidatos, cómo leer bases de datos públicas sin perderse en el intento y qué señales de alerta no deberían pasar desapercibidas antes de emitir el voto. Informarse no es un acto excepcional ni complicado: es una práctica ciudadana que se aprende, se ejercita y, sobre todo, se fortalece con cada elección.

En ese sentido, informarse deja de ser una opción y se convierte en una tarea inevitable de todo elector. Leer, revisar, contrastar y cuestionar antes de votar es el único antídoto frente a la improvisación y el desencanto posterior. Porque una democracia madura no se construye solo el día de la elección, sino en el proceso previo de evaluación consciente. Después de las urnas, la queja pierde legitimidad si antes se renunció a la responsabilidad de informarse.