Lo sucedido en una discoteca de Los Olivos este último sábado es el colofón de una tragedia anunciada. Solo faltaba el momento y los actores. A medida que las investigaciones avanzan se va abriendo una telaraña de acciones contrarias a la ley y a todo sentido común que han desnudado el frágil tejido social que conforma nuestra sociedad. Un submundo trasgresor cuya importancia es generar recursos a como dé lugar poniendo en riesgo la vida no solo de las personas que van a dichas actividades colectivas, sino la de los familiares de los mismos asistentes a estos bailes. Son grupos organizados que, además, tienen la osadía de difundir sus actividades a través de diversas redes sociales para captar a más usuarios que han perdido todo control de su empatía social. Al escribir este artículo, leo con decepción que cada vez es más frecuente la existencia de estas fiestas prohibidas, repletas de jóvenes y de otros no tanto quebrantando la ley y cualquier sentido común.

A inicios de semana, martes ya por la madrugada, el Congreso peruano aprueba la ley que establece un régimen especial facultativo de devolución de los aportes para los aportantes activos e inactivos al Decreto Ley 19990 administrado por Oficina de Normalización Previsional (ONP). Parecería que esta ley tiene una intención solidaria social, pero es un adefesio populista que provocaría más caos fiscal en nuestras ya melladas arcas por diversas medidas que se han estado dando con el fin de mitigar el problema económico generado por la pandemia. Un olfato perverso electoral movilizó a muchos congresistas que, incluso, tienen antecedentes de ser evasores tributarios en contra del servicio que precisamente quieren expoliar con la posibilidad de dejar a sufridos jubilados en riesgo de sus magras pensiones. Campaña gratuita que juega con la necesidad común. El populismo es una de las pesadillas que suelen aparecer en momentos de crisis y sus acciones son las que causan problemas graves posteriores. Son los grandes enemigos sociales y de la democracia. Destruyen nuestra red social al corromperla con planteamientos ilusos creando falsas esperanzas. Nuestra historia está plagada de ejemplos que nos llevaron a fuertes inflaciones o a estrategias equivocadas y disparatadas como las del gobernador regional de Arequipa, quien creó un caos sanitario en su Región.

Leía los resultados de encuestas hechas a muchos peruanos sobre sus expectativas para el Bicentenario de nuestra nación, nuestra mayoría de edad. La pandemia ha desnudado los vacíos que venimos arrastrando por décadas que han corroído nuestra trama social: corrupción, demagogia, deshonestidad, felonía, egoísmo. Enemigos identificados contrarios a la construcción de nuestra ciudadanía. Muchos de los encuestados piden un cambio, vislumbran un punto de quiebre. Si somos honestos en reconocer estas faltas que vemos delante de nosotros, hechas por nosotros como trasgresores de las normas o electores irresponsables ya podemos decir que es un paso adelante. Es cuestión de darlo para poder vislumbrar otro país, otro Perú mejor hecho por nosotros.

Gerardo Cailloma

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Por NTrujillo

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