Desde los años 90, la delincuencia en la ciudad de Trujillo ha ido mutando tanto en las modalidades que usan para delinquir como en el nivel de violencia para atentar contra sus víctimas, accionares que han sido replicados por otras organizaciones del país. Así como a finales de 2024 y a principios de 2025, las bandas criminales comenzaron a usar aparatos explosivos provenientes de la minería ilegal, tal parece que los últimos sucesos locales podrían representar un nuevo precedente en la actividad delictiva.
Las bombas lacrimógenas
Lo que debía ser una celebración por el Día del Amor y la Amistad terminó en una pesadilla luego de que una bomba lacrimógena fuera detonada al interior de la discoteca Nia, ubicada en la prolongación Fátima, una zona conocida por la presencia de estos locales nocturnos. La propagación del humo provocó que los presentes abandonaran el establecimiento y pese a que no hubieron heridos, las autoridades asumieron la investigación.
Tras aquel 14 de febrero, un hecho similar se repitió durante la madrugada del 22 de febrero, esta vez en el local Oceanía, donde otra bomba lacrimógena fue detonada en los baños del establecimiento, causando el abandono del lugar en instantes previos a la presentación de la reconocida agrupación musical «Son del Duke».
¿Hay bandas implicadas?
En cuanto al último suceso aún no se han confirmado heridos o víctimas mortales; sin embargo, en el caso de Nia, dos jóvenes resultaron intoxicados por inhalar el gas pimienta. Ante ello, la PNP detuvo en el distrito de Paiján a un sujeto que responde al alias de «Parcero», quien sería presunto integrante de «Los Parceros del Valle». Las autoridades presumen que el detenido fue quien detonó la bomba lacrimógena la noche del 14 de febrero.
Junto a «Parcero» se hallaron sustancias ilícitas, municiones y stickers extorsivos, lo que presume que este sujeto estaría implicado en este tipo de actos delictivos. Y es que la banda que aparentemente integra, es sindicada como facción de «Los Pulpos», organización criminal de origen trujillano, liderada por el prófugo «Jhonsson Pulpo», dedicada y hasta «especializada» en extorsiones.
Este tipo de situaciones levanta sospechas de que podría tratarse de una nueva modalidad de extorsión contra los negocios locales, puesto que la detonación de este tipo de artefactos, si bien no provoca grandes daños corporales, sí es capaz de ahuyentar a los asistentes de estos establecimientos, entorpecer el cronograma de eventos y provocar desconfianza hacia estos espacios, permitiendo así cobrar el cupo extorsivo a cambio de tranquilidad sin llamar mucho la atención como sería en el caso de un artefacto explosivo.
