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Otro camino hacia Westeros: Crítica de A Knight of the Seven Kingdoms

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Escribe: Luis Vega

A Knight of the Seven Kingdoms es la tercera adaptación de la saga literaria de A Song of Ice and Fire, creada por George R. R. Martin, y representa una propuesta bastante diferente de las anteriores. En esencia, es una nueva forma de conocer Westeros. El cambio fue bienvenido por la crítica y el público; la serie cosechó generosos elogios y se espera que continue durante, al menos, dos temporadas; idealmente, ¡doce!, según el showrunner Ira Parker. Para descubrir qué la hace especial, debemos identificar qué la separa de sus hermanas mayores y cuál es su objetivo.

En primer lugar, su escala es más modesta. No es solo un tema de presupuesto —aunque, al ocurrir los eventos en una única locación, se ha dado mucho mimo a la escenografía y caracterización; mientras que en Game of Thrones y House of the Dragon nos presentaron un extenso reparto de personajes, cada uno con sus complejidades y conflictos, A Knight of the Seven Kingdoms se enfoca en el caballero titular, Ser Duncan el Alto, y su joven escudero Egg. El propio Martin propuso titularla simplemente Dunk & Egg porque “de cualquier manera, todo el mundo le dirá así” (y por comodidad, esta reseña confirmará sus palabras en lo sucesivo). Las perspectivas variopintas y la complejidad política se han intercambiado por fuerza emocional; un trato bastante justo, a mi parecer. Si las series anteriores se hicieron conocidas por su visión poco sentimental de la fantasía, Dunk & Egg se permite una buena dosis de ternura, aunque sin dejar de lado la brutalidad de su universo.

Queda claro que el corazón de la serie es el vínculo de sus protagonistas, por lo que es natural describirlos más a fondo. Duncan es una especie de Rocky Balboa de Westeros: simple, algo torpe, noble, amable y muy fuerte. Es el underdog definitivo de Martin. Petter Caffley posee la talla suficiente para evocar una gran presencia, pero lo realmente notable es cómo transmite la vulnerabilidad y buen corazón del personaje. Da ganas de seguir animándolo en cada uno de sus tropiezos y triunfos. Por otro lado, Dexter Sol Ansell es toda una revelación. Con tan solo once años se mantiene al nivel de sus más experimentados colegas, e incluso roba muchas escenas clave. Egg es totalmente creíble como un niño tan inteligente como sensible. Ambos forman una dupla maravillosa. Durante los tres primeros episodios, la mitad de la temporada, hay una notoria ausencia de emociones fuertes. Aun así, verlos afianzar su amistad resulta más que suficiente, muy satisfactorio.

La mencionada falta de emoción no es perenne, sin embargo. El clímax del quinto episodio es una impresionante escena de acción que ya puede ubicarse entre las mejores del universo televisivo de Martin. Y como la serie ha apostado tanto por el componente emotivo, cada golpe y cada grito aterriza más fuerte. Es una mezcla ganadora, un experimento exitoso. El primer capítulo de una historia que ya se siente extraordinaria, y que con suerte podremos seguir durante mucho más tiempo.