¿Quién está sentado en la mesa donde se toman las decisiones? Vivimos en una época de sobrexposición de información o sobreproducción de información de las organizaciones. Existen indicadores financieros, informes legales, diagnósticos de recursos humanos, estrategias comerciales y planes de comunicación cada vez más especializados; sin embargo, contar con mayor información no siempre garantiza la toma de mejores decisiones.
Paradójicamente, muchas empresas enfrentan conflictos que bien pudieron prevenirse y no porque faltara conocimiento, sino porque éste permaneció aislado entre áreas. Suele pasar que el equipo legal analiza los riesgos normativos, el área de comunicaciones prepara mensajes, recursos humanos evalúa el impacto interno y las gerencias buscan resultados; todos trabajando sobre un mismo problema, pero no necesariamente desde una conversación compartida.
Durante años se ha promovido la especialización como una fortaleza organizacional, y sin duda lo es; sin embargo, cuando las áreas funcionan como compartimentos independientes, las decisiones pierden una visión integral de lo que es realmente la organización. Los desafíos empresariales actuales rara vez pertenecen a una sola disciplina: una crisis reputacional, una reestructuración interna, el lanzamiento de un nuevo producto o servicio o incluso la respuesta frente a un reclamo requieren mucho más que el criterio de un solo especialista.
En ese escenario, la comunicación corporativa deja de ser únicamente la encargada de transmitir mensajes hacia sus públicos, el aporte de valor radica en facilitar el diálogo entre las distintas áreas para construir decisiones coherentes con aquello que la empresa dice ser y con aquello que jurídicamente está llamada a cumplir. La comunicación no sustituye al derecho, ni el derecho reemplaza a la comunicación; ambas disciplinas se fortalecen cuando participan desde el inicio del proceso de decisión.
Lo mismo ocurre con la gestión del talento humano: las decisiones organizacionales no solo deben ser legales y estratégicas; también, necesitan ser comprendidas por las personas que las ejecutan y por los grupos de interés que las reciben. De poco sirve una medida jurídicamente impecable si genera incertidumbre interna por falta de una adecuada gestión comunicacional.
Quizá una de las preguntas más importantes que deberían hacerse hoy los líderes empresariales no sea únicamente «¿estamos tomando la decisión correcta?», sino también «¿quiénes participaron en esta decisión?», porque las mejores decisiones no nacen cuando una sola área tiene todas las respuestas, sino cuando diferentes disciplinas tienen la oportunidad de formular las preguntas correctas antes de actuar.
Las organizaciones no necesitan más información. Necesitan mejores conversaciones. Conversaciones donde el conocimiento jurídico, la comunicación corporativa, la gestión del talento humano y la visión estratégica de la empresa converjan para construir decisiones coherentes, sostenibles y responsables.
Después de todo, la confianza no comienza cuando una organización comunica hacia afuera. Empieza mucho antes: en la forma en que conversa consigo misma.
Autor: Luciana Ubillús Rojas, responsable de Comunicaciones de HRG Abogados.
Correo: [email protected]
Redes sociales: https://www.linkedin.com/in/lubillusr/
