Los líderes de ollas comunes del sector de Cruz de Mayo de Carapongo, realizan el pedido desesperado de auxilio, que se acrecienta hacia otros barrios de Lima ante una crisis económica instalada en el país y que empieza a golpear con dureza a los más pobres.

Fueron alrededor de 30 presidentas de las ollas comunes de San Juan de Lurigancho, quienes aseguran que ya no tienen insumos para cocinar. De estas ollas comunes dependen personas que viven del día a día y ancianos que solo son atendidos con un poco de sopa.

En otro lado de Lima, en Jicamarca, vimos a las madres de las ollas comunes implorar por alimento e intentando recibir un beneficio de, al menos, diez soles. La situación puede ser humillante cuando se reciben migajas. Con la subida de precios los vendedores ya no quieren donar alimentos como antes.

En un puesto la comitiva de la olla común compra dos kilos de huesos de pollo por dos soles. Por valor humanitario, a veces unos comerciantes regalan pescados y huesos de caballa o paquetes de carne para obsequiar a las madres. Esta problemática ha originado el incremento de anemia en los niños de las zonas mencionadas.

Irene Chávez, presidenta de las ollas comunes del Perú, indicó: ¨Hoy comeremos, pero mañana debemos salir otra vez a probar suerte¨. Esta es la realidad de hambre que también se asoma a distritos como Carabayllo, donde hay ollas como esta que ya no opera por falta de recursos.

Los casi cien millones de soles que el año pasado asignó el presidente Pedro Castillo a las ollas comunes nunca llegaron completos, donde solo salvaron a 300 mil personas en Lima, mencionaron las tristes madres. Todo un oasis. La pregunta se hace evidente: ¿Hasta cuándo podrán soportar el abandono? El hambre no espera.