Un 21 de abril de 2025, el mundo se despertó con la noticia de la partida del Papa Francisco, el penúltimo representante del Vaticano que, durante más de una década, llegó a ganarse un lugar en el corazón tanto de creyentes y no creyentes como el Sumo Pontífice que priorizaba a los olvidados, inmigrantes y minorías que por mucho tiempo fueron ignoradas.
Francisco, cuyo nombre real era Jorge Mario Bergoglio, falleció a las 7:35 de la mañana del lunes de Pascua, esto tras haber dado la misa de inicio de Semana Santa en la Plaza de San Pedro el día anterior, esto ante una gran multitud que no pasaba por alto el notorio mal estado de salud en el que se encontraba.
Una neumonía bilateral provocó que Francisco fuera internado en el Hospital Gemelli de Roma en febrero de ese año. A mediados de marzo, pudo reintegrarse al Vaticano, más su frágil estado de salud lo obligó a permanecer en reposo. Este hecho no fue pasado por alto por los miembros de la Santa Sede, quienes resaltaban la fuerza del Sumo Pontífice para seguir siendo parte de los comicios religiosos.
El domingo 20 de marzo, Francisco dirigió su última misa pascual, la cual también sería su última aparición pública. Ese día, el papa impartió la tradicional bendición “Urbi et Orbi” ante miles de fieles y recorrió la plaza a bordo del papamóvil.
Considerando lo que sucedió después, la escena ha adoptado un simbolismo especial que engrandece aún más la figura de Francisco, quien en vida se caracterizó por ser alguien humilde y sencillo, razón que lo ha llevado a ser considerado como el papa más humano. Su participación de la misa pascual es evidencia también de su implacable fuerza de voluntad, simbolizando así el cierre de una etapa que sucedió León XIV.
