Se tocó fondo. En medio de esta implacable pandemia, tenemos otra que causa tanto daño como el COVID-19. Y esta enfermedad que alimenta los errores sociales de nuestra nación está encarnada en un puñado de congresistas que, lastimosamente, han sido colocados por voto popular en el Poder Legislativo con el fin de trabajar, teóricamente, en pro de una sociedad que ha heredado grandes problemas por décadas. Este Congreso nació de la disolución del anterior que tenía una actitud de confrontación destructiva con el único prurito de socavar la débil democracia formal que hemos adoptado como forma de gobierno. Y, teniendo esos antecedentes y comprendiendo la razón por la cual este nuevo Congreso fue electo de manera transitoria, lo ocurrido este fin de semana muestra que estamos frente a una anomalía gestada en el interior de las instituciones creadas con el fin de preparar personas aptas para el ejercicio gubernamental: los partidos políticos.

Estos surgen por una necesidad de participación ciudadana y nacen dentro del espíritu de la Revolución Francesa al querer desarrollar la democracia participativa.  Como definición, tomaremos el glosario de la Gobernación de México que plantea lo siguiente: “[..] son asociaciones de interés público que se conducen de acuerdo con ciertos principios e ideas con dos objetivos fundamentales: 1) canalizar y transmitir los intereses y demandas de la población para que sean consideradas en la toma de decisión gubernamental; [..]” Una vez leída esta definición, hay que agregar otros datos pertinentes tomando en cuenta las palabras de politólogo Giovanni Sartori para entender la situación crítica de nuestros partidos actuales; según Sartori: “los partidos se conceptualizan a través de tres ideas básicas: i) es diferente a una facción, en tanto no concibe un antagonismo al poder político; [..] y iii) es un conducto de expresión, ya que como canal de expresión biunívoca, los partidos terminan por expresar ante el gobierno las inquietudes de la población y ante la población las decisiones del gobierno.[..]” (subrayados son míos). La mediocridad de muchos partidos actuales les hacer generar propuestas ridículas y antipopulares como la de la última semana. El accionar de los últimos congresos en cuanto a los puntos subrayados nos permiten entender la responsabilidad que tienen estas entidades que distan de tener cuadros aptos y envían a personas de dudosa capacidad y oscuro pasado. Son los partidos los culpables del descrédito en la que se halla la política democrática. Lastimosamente, una sociedad que ha tenido unas bases educativas tan deplorables se ve compelida a votar por candidatos demagogos y farsantes impuestos por dirigencias que han actuado a espaldas de la esencia de lo que un partido político debe de ser, no un clan familiar ni un grupo de amigos que se unen para sacar ventajas personales., nada que ver con un espíritu democrático.

Ahora, más que nunca, se necesita una sociedad civil activa para evitar estas acciones que, más que sumar, restan en momentos de trabajo en conjunto.

GERARDO CAILLOMA

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Por NTrujillo

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