Escribe: Marco Roncagliolo Vásquez, director de Estrategias corporativas y Derecho financiero en HRG Abogados
Los resultados de la primera vuelta de las elecciones generales en Perú han abierto un escenario de expectativa y cautela en el sector empresarial. Con Keiko Fujimori liderando la votación y un segundo lugar aún en disputa entre varios candidatos, el país se encamina hacia una segunda vuelta que definirá el rumbo político y económico de los próximos años.
Un panorama de incertidumbre
La fragmentación del voto y la estrecha diferencia entre los aspirantes a la Presidencia han generado un compás de espera en el mundo corporativo. Las empresas, tanto locales como extranjeras, se enfrentan a un contexto en el que las decisiones de inversión, contratación y expansión se ven condicionadas por la falta de claridad sobre quién asumirá la Presidencia y qué políticas económicas se implementarán.
Diversos analistas coinciden en que, mientras no se defina el próximo gobierno, los proyectos de gran escala permanecerán en pausa. El acceso al financiamiento también podría verse afectado, ya que bancos y fondos de inversión suelen adoptar posiciones más conservadoras en periodos de transición política.
Ajustes en la gestión empresarial
En este escenario, las compañías están revisando sus planes estratégicos a fin de protegerse económicamente, con ajustes en gastos y postergación de nuevas inversiones. Del mismo modo, muchas empresas están optando por mantener sus estructuras actuales, evitando incrementos de personal hasta contar con una mayor certidumbre respecto del rumbo económico que tomará el país.
Expectativas hacia la segunda vuelta
El empresariado espera que los dos candidatos que participaran de la segunda ronda electoral presenten, ahora sí, propuestas claras en materia de estabilidad macroeconómica, disciplina fiscal y competitividad. Los diversos gremios demandan un compromiso explícito con la inversión privada y el diálogo constructivo con el sector productivo.
La segunda vuelta será decisiva para definir si se mantiene la confianza de inversionistas nacionales y extranjeros. Un desenlace que garantice continuidad en políticas pro-mercado podría reforzar la estabilidad, mientras que un giro hacia modelos más intervencionistas generaría volatilidad en el corto plazo.
En conclusión, el sector empresarial peruano se encuentra en un compás de espera. La segunda vuelta electoral no solo definirá al próximo presidente, sino también el clima de inversión y desarrollo económico del país. Hasta entonces, las empresas seguirán operando con cautela, conscientes de que el desenlace político marcará el ritmo de sus decisiones estratégicas.



