Poco a poco se van levantando las restricciones impuestas por la cuarentena. Desde el 16 de marzo hasta el 22 de este mes, durante esos casi 100 días el Estado ha comenzado a relajar las estrictas medidas que comenzaron ese lunes de marzo, complementando a las tomadas la semana anterior con la suspensión de todas las actividades educativas. Esta decisión drástica se hizo con el fin de evitar la expansión del COVID-19 que estaba arrasando en ese entonces a muchos países europeos y ya había causado estragos en la China Popular. Cada gobierno de América trató de hallar estrategias para enfrentar algo novedoso que ha descalabrado todas las economías de todo el mundo, incluida la peruana. Ciudadanos y economías medianas y pequeñas eran engullidos por esa vorágine con graves consecuencias que aún no se determinan.

A este Gobierno le tocó la cruda realidad de constatar la terrible herencia de un Estado débil, un sistema sanitario enfermo por 30 años de abandono, así como otras instituciones estatales deficitarias como Educación y Seguridad; una sociedad informal y un sistema tributario reducido y mal dirigido; una sociedad plagada de corrupción tanto en el sector público como privado. Una entelequia de nación que dista totalmente de la realidad que nos golpea cotidianamente. Mucho se ha opinado al respecto, tratando de salvar sus ideas, su mundo y sus intereses. Todos recurríamos, exigíamos a imitar otros modelos que nos parecieron exitosos como Suecia, Chile o Costa Rica, países que ahora perdieron credibilidad y están sumidos en crisis internas a causa de la pandemia. A estas alturas, es llorar sobre mojado.

Ahora el Gobierno deja que nosotros, los ciudadanos, tomemos en nuestras manos la posibilidad de crecer en seguridad siguiendo determinados protocolos. Algo bastante difícil sabiendo todos nuestros antecedentes que conocemos. Sin embargo, hay otras partes de nuestro país en las que las medidas sí han tenido mucho más éxito que en zonas como las nuestras. ¿Cuestiones culturales que han marcado la diferencia? Motivo para estudiar y poder construir modelos positivos para la posteridad. Pero, el problema es ahora con nosotros. ¿Cuán conscientes somos de auto cuidarnos y cuidar a los demás? Bajo el argumento del hambre (que es para muchos, pero no para todos) se abre un abanico peligroso de tolerancias que están afectando el frágil tejido social ya iniciado con el sector laboral (despidos); se abre paso, también, la corrupción a todo nivel (múltiples ejemplos) y algunas oportunidades de negocio infames. Pero hay un temor más grande: ¿podremos salir airosos de un posible rebrote? La zona Norte, la del epicentro peruano, va a ver pronto la reactivación de diversos campos laborales gracias a la reconstrucción asistida por el gobierno de Gran Bretaña. Va a haber trabajo, a no dudar, y este se va a dar no solo en La Libertad, sino Lambayeque, Piura, Tumbes y Áncash. Es un excelente anuncio, pero ¿seremos capaces de poder controlar la pandemia para tener una sociedad sana y comenzar nuestro renacimiento?

GERARDO CAILLOMA / gcailloma@gmail.com