Juntos por el Perú y Roberto Sánchez: “Pero el cadáver ¡ay! siguió muriendo”

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Por Wilson Aranda Roncal.- Este 3 de julio fue proclamada, por el Jurado Nacional de Elecciones (JNE), la fórmula ganadora de los comicios generales 2026, la cual está encabezada por la presidenta electa Keiko Fujimori Higuchi. Sin embargo, Roberto Sánchez Palomino, derrotado candidato comunista, insiste en interponer recursos para evitar la asunción de Fujimori a la primera magistratura de la nación, no solamente dentro, sino también fuera del país, en el sistema interamericano de justicia.

Sánchez continúa en su tozudez de no aceptar resultados que le han sido adversos en las urnas pese a que sus más radicales y dudosos aliados lo han abandonado: el asesino de policías y violentista Antauro Humala, quien culpa al mismo Sánchez de la derrota; los docentes de la Federación Nacional de Trabajadores en la Educación del Perú (Fenatep) facción vinculada al Movadef de Sendero Luminoso; cuyas anunciadas movilizaciones se desinflaron; de igual manera marcaron distancia de Sánchez excandidatos como Alfonso López Chau.

Así pues, las acciones obstaculizadoras del clon del golpista Pedro Castillo son solo una muestra de la desesperación que los entes electorales, amparados por la Constitución y la ley, y la fuerza del voto, que dio como ganadora a Fujimori, se encargarán de enviarlas a donde corresponde: al tacho de basura. Así pues, los manotazos de ahogado de Roberto Sánchez podemos describirlos con la icónica frase del poeta: “pero el cadáver ¡ay! siguió muriendo”.

En Juntos por el Perú ya no están juntos. Incluso oportunistas como el fiscalillo José Pérez Gómez ha saltado del barco y se victimiza advirtiendo que sería la primera víctima del fujimorismo producto de una venganza de la electa mandataria. Si en verdad existe justicia bajo los cielos y sobre la tierra, este ideologizado magistrado debería estar en la cárcel, justamente, por haber politizado la justicia y haber judicializado la política.

Recordemos que José Domingo Pérez usó los tribunales para perseguir solo a Keiko Fujimori y a Alan García, enemigos de su credo político y de sus aliados izquierdistas, socialistas, comunistas, comunistoides, caviares y demás deletéreas hierbas que tanto daño han causado y causan a la gran patria peruana.

Estos especímenes se desgañitaban y se desgañitan gritando “Fujimori nunca más”, “No a Keiko”, “Keiko Fujimori no me representa”, “Abajo el fascismo” y otros estribillos aprendidos de paporreta como loros para recibir su grano de maíz. Pero indigna que jamás hayan pronunciado “Terrorismo nunca más”, “Sendero Luminoso y MRTA nunca más”; esas frases jamás salen del cerco de sus dientes porque son sus epígonos. Estas elecciones de 2026, en su primera y segunda vuelta, han demostrado que el antifujimorismo ha bajado y que, paulatinamente, el ciudadano se ha dado cuenta del peligro que el mejunje denominado pomposamente “socialismo del siglo XXI” representa para la democracia.

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