“Éramos una visión con el pecho de atleta, las manos de petimetre (persona que se preocupa mucho de su compostura e imitar modas) y la frente de niño”. Con estas palabras de su ensayo Nuestra América y presentado como un poema, “Éramos”, José Martí describía de manera crítica a la sociedad formal cubana de su época, la que estaba al borde de la independencia frente a España. A lo largo de su poesía-ensayo nos muestra el otro mundo que gira alrededor del oficial que desconoce íntegramente las otras realidades y que es una burda imitación de la metrópoli. A través de este comentario denunciaba el total desconocimiento de la realidad oculta por una serie de prejuicios, prejuzgamientos y falsas ideas de aquello que les era totalmente desconocido. El otro día, escuchaba la ponencia de un exprofesor mío en la PUCP, Jorge Wiesse, quien habló sobre la influencia del pensamiento de Ortega y Gasset en la intelectualidad peruana de entonces en la construcción de una idea de país, pensamiento que influyó de manera directa o indirecta en la intelectualidad de derechas o izquierdas de entonces. La construcción de una imagen de un país desde la descripción de su geografía y su sociedad se hacía (y se hace necesaria) para dar respuestas a las fuertes crisis como les tocó vivir a nuestro país y a España a finales del siglo XIX: Perú por la debacle con Chile; España por las pérdidas de Cuba, Filipinas y Puerto Rico en su guerra contra Estados Unidos. La reconstrucción nacional pasaba también por la reconstrucción de su identidad y, por lo tanto, de su ego como nación.

¿Qué percepción tenemos los peruanos de nosotros mismos como sociedad? Luego de las décadas de inflaciones galopantes y violencia sediciosa, los peruanos tratamos de construir una suerte de identidad colectiva entorno a ciertos conceptos: lo que no pudo el fútbol, lo logró de alguna manera positiva la gastronomía. Pero esta idea iba, supuestamente, acompañada de un crecimiento económico boyante, pero no un desarrollo. Las falencias y debilidades en salud y educación se vieron expuestas por la pandemia; pero, también nuestra propia autopercepción como sociedad ha contribuido mucho más en esa percepción de deterioro que es, a la larga, la misma situación a nivel mundial. No solo el cebiche o Paolo Guerrero son suficientes para ayudar a crecer un ego pinchado por nosotros mismos; increíblemente nuestra imagen se ha ido edificando con la construcción de personas mediocres o poco edificantes que han sido más relevantes que personalidades académicas o artísticas de buen nivel. Estamos influenciados por mediocres de toda índole que reciben gran cobertura y que no ayudan en nada para la restauración de una psique social y una mejor autoestima colectiva, razón por la cual muchos suelen tomar nuestra realidad como una forma de justificar la mediocridad y el fracaso. ¿Es eso lo que realmente proyectamos como sociedad? ¿Es esa nuestra propia visión bajo la cual construimos nuestras relaciones interpersonales y educamos a nuestros hijos? ¿Es esa la visión que tenemos de nosotros mismos en el conjunto? Academia tiene una gran responsabilidad y debe de ser exigida para retomar el verdadero realce que les compete, así como a otros actores gravitantes en la construcción de la sociedad como comunicadores y educadores. ¿Los demás escucharán las reflexiones agudas y argumentadas de estos? Para el Bicentenario se hablaba de héroes y valores, ¿cuáles? Muchas cosas para refundar entre los peruanos.

Gerardo Cailloma

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