El Gobierno del Perú, presidido por la presidenta Keiko Fujimori, anunció el fin de sus relaciones diplomáticas con la República Islámica de Irán, sustentando esta decisión en que la nación ha «incitado» la violencia y la escala de conflictos en Medio Oriente, así como los problemas internos que atraviesa.
Mediante un comunicado, el Ministerio de Relaciones Exteriores del Perú se pronunció en torno al deterioro de la democracia en Irán, señalando situaciones como la represión de manifestaciones pacíficas, las restricciones a la libertad de prensa, la discriminación contra mujeres y niñas y la persecución de opositores políticos, las cuales incluso han sido denunciadas por mecanismos de las Naciones Unidas.
La Cancillería también mencionó el reciente conflicto en torno a la posesión del Estrecho de Ormuz, el cual ha traído consigo restricciones que obstruyen el libre comercio marítimo. No dejaron pasar tampoco el ámbito nuclear, señalando que el país islámico ha impedido el paso de inspectores del Organismo Internacional de Energía Atómica (OIEA), de forma que no se puede verificar la producción de armas nucleares.



