A tan solos 60 km de Trujillo se encuentra el valle de Chicama, hogar de la Huaca Cao Viejo, donde en 2005 se encontró un conjunto de tumbas perteneciente a una figura de poder de la cultura Mochica y sus acompañantes fúnebres.
Opulenta en su tumba dormía la Dama de Cao, una de las figuras más poderosas de la elite mochica y su descubrimiento cambiaría para siempre la percepción del poder en las culturas pre hispánicas.
La sepultura de esta Dama, que contenía cetros, narigueras, coronas, mazas ceremoniales y otros símbolos de autoridad, reveló el estilo de vida que llevó hasta antes de su fallecimiento. Una mujer de la alta sociedad, poseyente de poder y status privilegiado.
Su rostro era de pómulos altos y sus cabellos lacios y negros, típicos de la belleza local, pero ella no era una ciudadana común, era una figura de grandeza.
A diferencia de otras mujeres de la época, la Dama de Cao recibió extensa educación y dedicó su corta vida a la política y la religión, incluso dirigió sacrificios humanos para los rituales mochicas. Su labor fue equivalente a la del Señor de Sipán.
Los tatuajes de animales cuidadosamente trazados en su cuerpo eran más que un símbolo de poder, eran, posiblemente, la atribución de poderes sobrenaturales. A los ojos del pueblo, ella era una semidiosa.
Con tan solo 25 – 30 años, esta mujer de alcurnia falleció mientras daba continuidad al linaje gobernante; con complicaciones durante su parto. A pesar de su poder, ella enfrentó uno de los destinos más comunes para las mujeres de su pueblo.
Sus restos fueron cubiertos en finos tejidos, adornados con piedras preciosas y llegó a la otra vida acompañada de dos sirvientes, un sacerdote y restos de distintos individuos. La grandeza de su sepultura representaba quien fue en vida.
Su descubrimiento marcó un antes y un después en la arqueología peruana; el poder de la Cultura Moche también tuvo rostro de mujer. No se trató de figuras simbólicas, los objetos relacionados a su tumba identificaban a las mayores autoridades de la época. Ella tenía el poder.
Durante años, este papel había sido atribuido exclusivamente a personajes de género masculino, la figura de la Dama de Cao obligó a la historia replantearse por completo. Incluso se habló de la idea de que el poder, en el antiguo Perú, no haya sido patriarcal sino diverso y complejo.
Durante su vida fue autoridad y símbolo de poder. En la muerte reescribió por completo la historia de la mujer en el norte del país.

