En el penal de Barbadillo, en Ate, Lima, el interno Pedro Castillo empieza la jornada todos los días a las 6 de la mañana. Su objetivo diario es trabajar la tierra de su jardín, informó en exclusiva el dominical Cuarto Poder.
Un dron, por encima de los 120 metros de altura, permite ver a Pedro Castillo por primera vez entre su patio y su celda. Los espacios son cortos en comparación a Palacio.
Lejos de su rol de maestro y la Presidencia, Pedro Castillo busca recordar sus tiempos de campesino. Cuarto Poder mostró estas imágenes a un allegado del expresidente y ha confirmado que es él. Lo que siembra son verduras, tubérculos y maíz.
Esta faena mantiene ocupado a Castillo desde hace 4 meses, desde su fallido intento de cierre del Congreso. De ese 7 de diciembre a hoy, su vida ha cambiado y su entorno también.

Esta imagen de su celda y patio seco en el penal de Barbadillo fue captada la segunda semana de diciembre, a pocos días de ser trasladado. Así, el césped empezó a rendir sus frutos. Apenas se había instalado el exmandatario pidió herramientas y a punto de pico y pala ha logrado arreglar el lugar.
En las imágenes se ve a Pedro Castillo dando instrucciones a trabajadores designados por el penal para ayudarle a tener un huerto más acogedor. Le han sugerido entretenerse tras los cuadros de ansiedad y pánico en diciembre y marzo.
Cercanos al expresidente aseguran que el daño emocional tras la detención por el autogolpe tiene que ver con la separación de su familia. La última vez que Castillo vio a su esposa Lilia, sus hijos Arnold y Alondra fue aquel mediodía del miércoles 7 de diciembre.
Castillo, en esta celda, cuenta que en aquella caravana de huida solo pretendió llevar a todos hasta la embajada de México y dejarlos ahí para él enfrentar las consecuencias de su mensaje. Difícil creerlo. Ha narrado que aquella vez hubo momentos en que no escuchaba nada, instantes de silencio total por sus problemas de sordera. Hoy, lo que más pide a sus abogados es que logren la autorización para escuchar a los suyos.


