El 7 de julio de 1932 se produjo uno de los acontecimientos más oscuros de la historia republicana del Perú. Y es que la ciudad de Trujillo fue escenario de un violento enfrentamiento entre el ejército peruano y militantes del Partido Aprista Peruano (PAP) que, acompañados de campesinos, obreros y estudiantes, libraron una rebelión.
Los antecedentes
Corría el año de 1930 cuando, tras haber derrocado a Augusto B. Leguía mediante un Golpe de Estado, el presidente Luis Miguel Sánchez Cerro, permitió el regreso de varios peruanos que habían sido exiliados durante el Oncenio, entre ellos, Víctor Raúl Haya de la Torre, que retornaba al país para ser parte de los comicios electorales que convocó el jefe militar.
Es así como en setiembre de 1931, el APRA disputó la primera elección presidencial de su historia, con su histórico líder como candidato. Aquella contienda dio como ganador a Sánchez Cerro, lo cual provocó el descontento de los seguidores de Haya de la Torre, quienes acusaron al militar de amañar los comicios. Esto solo fue el principio.
El año de la barbarie
El 6 de mayo de 1932, Haya de la Torre fue capturado tras permanecer varios meses en la clandestinidad. Acusado de rebelión por el gobierno de Sánchez Cerro, fue aprisionado sin saber que esto desembocaría en uno de los hechos más sangrientos de la historia del Perú.

Es así como en la mañana del 7 de julio de ese mismo año, militantes apristas, campesinos, obreros y estudiantes, se apoderaron de las instituciones públicas de la ciudad de Trujillo en respuesta al gobierno dictatorial de Sánchez Cerro. Entre ellos, el aprista Manuel «Búfalo» Barreto, lideró la histórica toma al cuartel O’Donovan, en donde encarcelaron a los policías y militares que se rehusaron a unirse a la lucha.
Como era de esperarse, el gobierno de Sánchez Cerro ordenó una violenta represión contra los rebeldes apristas, de forma que durante los siguientes días, Trujillo fue bombardeada por el extinto Cuerpo de Aviación del Perú. De igual manera, el ejército peruano fue tomando calle por calle hasta que lograr recuperar el control de la ciudad.
Ola de fallecidos
Se calcula que más de 10 mil personas – en su mayoría civiles – perdieron la vida durante los enfrentamientos que se extendieron hasta el 18 de julio, cuando el ejército peruano recuperó el control tanto de Trujillo como de otras provincias liberteñas que se habían sumado al levantamiento aprista.
Pese a que el conflicto había terminado, el ejército ordenó la ejecución extrajudicial de 42 sobrevivientes que ya habían aceptado su rendición. Es así como, tan solo 9 días después del fin de la revolución, los detenidos fueron llevados hasta las inmediaciones de la ciudadela de Chan Chan, en donde fueron obligados a cavar sus propias tumbas antes de ser fusilados mientras más de uno juraba por última vez su lealtad al partido aprista y a Víctor Raúl Haya de la Torre.


