A fines del año pasado, el Gobierno central anunció el aceleramiento de las obras de la reconstrucción del Norte de nuestro país, usando el mismo esquema empleado para la construcción de la infraestructura y servicios de los Juegos Panamericanos de Lima realizados el año pasado con bastante éxito. Las obras para construirse son muy necesarias, habida cuenta que muchas quedaron dañadas o afectadas tras el Niño costero del 2017; o, en su defecto, no existían para enfrentar una crisis, como la que ahora estamos viviendo. Qué se va a edificar: 6 colegios de envergadura y 21 hospitales afectados o nuevos. Pero, además se van a realizar acciones que obedecen a un clamor desatendido por décadas (recordemos los nefastos Niños del 82-83 y el del 97): el tratamiento de 19 ríos, 5 quebradas y 7 drenajes pluviales. Para esta obra de envergadura, hubo 9 países postulantes: Alemania, Nueva Zelanda, Canadá, Estados Unidos, Suecia, Austria, Países Bajos, Australia y Gran Bretaña; siendo este último país el ganador de la pro con el cual, el Gobierno peruano firmará el convenio de rigor. Este convenio tenía que ser dado a conocer y haberse firmado en abril de este año, pero la pandemia del COVID-19 cambió los planes.

Este convenio abre algunas preguntas y dudas que pueden darse en el marco de esta ansiada reconstrucción. Recordemos que antes del anunciado Niño costero, los gobiernos regionales norteños recibieron una buena cantidad de dinero entre 2015- 2016 con el fin de hacer obras para atenuar el impacto, obras que generaron dudas tras el desastre de 2017, pues hubo incluso presupuesto no ejecutado. Tras los famosos huaycos, académicos y profesionales de diversas ramas observaron la necesidad de un planteamiento urbano que significa, incluso, la remoción de habitantes de zonas de alto riesgo, ocupadas ilegalmente o promovidas por traficantes de terrenos; y luego reglamentadas sin ningún criterio técnico, más político que otro argumento. Recuerdo haber conversado con un exalumno mío, entonces brazo derecho de Pablo de La Flor, quien me comentaba que la parte delicada está en la reubicación de toda esa población asentada en lugares los cuales un nuevo Niño arrasará. La inversión será, en cierta manera, despilfarrada, puesto que toda la infraestructura (agua, desagüe, electrificación, entre otras) volverá a verse afectada e, incluso, colapsada ante un nuevo fenómeno de esa índole. Falta decisión política para hacer las cosas bien, puesto que la reconstrucción sí va a generar un movimiento económico y laboral atractivo; pero es el momento para rectificar los gruesos errores del pasado. Es, también, importante que los colegios profesionales y universidades presionen para poder inducir estas inversiones de manera correcta e impedir que la corrupción, el mal nuestro de cada día, campee en uno de los proyectos anhelados por toda la zona Norte peruana.

GERARDO CAILLOMA / [email protected]