Por: Mirko Campaña

Las nuevas tecnologías de la información y la comunicación nos han permitido advertir las adaptaciones del periodismo en todo el mundo. Y aunque hemos sabido aprovechar estos importantes avances en la comunidad digital, los principios esenciales de esta profesión no pueden perderse, por ser parte indiscutible del ejercicio en la búsqueda de la verdad.

Gabriel García Márquez nos enseñó que “para ser periodista hace falta una base cultural importante, mucha práctica, y también mucha ética. Hay tantos malos periodistas que cuando no tienen noticias se las inventan”. Me atrevería a agregar que además de ello, las ocultan o simplemente, las extreman.

Recientemente, el periodista peruano Eloy Marchán citó la frase del también periodista estadounidense Glenn Edward Greenwald: “Una herramienta al alcance del ciudadano para luchar contra la injusticia. Eso es el periodismo. No es una profesión neutral. Lucha por una causa: hacer que los políticos actúen con transparencia, que los poderosos rindan cuenta”.

Tomando estas reflexiones, no es ético descalificar a los periodistas que, con un doble esfuerzo en el ejercicio de sus funciones, denuncian las malas prácticas de los políticos peruanos y de Latinoamérica en medio de esta pandemia.

Además, hacer periodismo, donde no haya buenos ni malos, sino hechos concretos para que el lector saque sus conclusiones, como nos enseñó García Márquez, enriquece nuestra profesión. Y hacerlo en el Perú, donde, según Ipsos, el 83% de ciudadanos aprueba la gestión del presidente Martín Vizcarra, y un 75% el desempeño de los ministros, no es tarea fácil, pues ese fervor de la gente podría desatarse en una aversión contra nuestra carrera y contra quienes la ejercemos.

Que el uso de las nuevas tecnologías de la información y la comunicación, sea una valiosa oportunidad para el ejercicio ético y honesto de nuestra profesión, siempre y cuando se desarrolle sin particularidades antipatías, sino con el ánimo de construir una mejor sociedad para todos.