A inicios de este mes, había publicado un artículo sobre mis incertidumbres por las próximas elecciones del año entrante. Elecciones que se harán en un entorno muy especial para intentar volver a nuestra anterior realidad. Pero ¿se tratará de volver a nuestra anterior realidad? Desde el inicio del confinamiento, varias cosas y relaciones han cambiado tanto para bien como para mal. Algunos de estos cambios han de seguir una vez superada esta situación, en algunas ya no hay punto de retorno.

La virtualidad es un proceso que se estaba implementando paulatinamente, uno que iba a simplificar y, por supuesto, a complicar las cosas; depende de la perspectiva desde de la que se mire. Muchas empresas e instituciones han ido encontrando soluciones ante la coyuntura que se está viviendo. Varias optaron por el trabajo remoto, por ejemplo. Incluso el sistema educativo en todos sus niveles tuvo que adoptar esta medida con el fin de no perder el año académico 2020. Por diversas razones, carencias previstas y la escasa o nula capacitación de todos los actores educativos han sido los reales problemas que han hecho tambalear este sistema en general. En cuanto al mundo laboral, en general, esta modalidad ha ido ganando terreno y ha tenido repercusiones positivas y, obviamente, negativas. Empresas como bancos y compañías de seguro han ido cerrando muchas de sus agencias y, lamentablemente, despidiendo a trabajadores ante la nueva modalidad remota; esto también significa que la actividad de alquiler venta de inmuebles está entrando en una crisis, pues muchos locales han sido dados de baja ante el trabajo remoto. Ahorro para unos, pérdidas para otros. Está demás decir que el manejo de la virtualidad es la nueva competencia laboral imprescindible en los nuevos contratos de trabajo y pone en riesgo a aquellos que no dominan las mismas con la misma celeridad e intensidad que las generaciones nuevas.

Por último, el acelerado deterioro de la calidad de trabajo. La rápida implementación del trabajo remoto ha generado un desorden de tiempos y espacios en los usuarios trabajadores; es urgente comenzar a regular este sistema de trabajo, pues cada vez se incrementa el número de personas cuyo mundo privado se ha visto reducido. Ya había sucedido con el celular, pero ahora es peor. El trabajo ya está en casa y este suele extenderse más allá de las 8 horas, pues ahora este ocupa casi 16 horas, incluidos fines de semana. La crisis laboral permite abusos que cada vez son más frecuentes. En una reunión virtual un amigo que trabaja en una universidad privada limeña con el fin de simplificar sus costos ha fusionado 3 secciones de 9 horas a 1 de 3 horas: el docente recibe la paga por tres (perdió 6 horas), pero su clase incrementó el 300 %, de 20 alumnos a 60 o 70 alumnos. Si tanto se habla de acreditación, veamos qué dicen las acreditadoras que velan por la calidad de la educación universitaria.

A estas alturas, se han cerrado las inscripciones para las elecciones 2021. Preocupados por la campaña que se viene, los candidatos estarán más concentrados en sus mañas y triquiñuelas que tocar puntos gravitantes para la sociedad peruana como lo son los derechos laborales.

Gerardo Cailloma

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Por NTrujillo

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