Reserva Comunal Asháninka: A 23 años de su creación, un símbolo de resistencia indígena

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Escrito por: Anthony Rodríguez

Un 14 de enero del 2003, mediante un decreto supremo, se fundaba la Reserva Comunal Asháninka, un espacio que buscaba preservar la conservación de la biodiversidad y de las costumbres y creencias de las comunidades Asháninka. Esta medida surge como respuesta a las innumerables dificultades que estos pueblos originarios han experimentado a lo largo de la historia peruana y que, a pesar de ello, han logrado permanecer firmes en la defensa del territorio y sus costumbres, por lo que explorar los contextos que rodean a esta comunidad permitirá entender mejor la realidad que las zonas más profundas del Perú han enfrentado.

La comunidad Asháninka

Se trata del pueblo indígena más numeroso de la Amazonía peruana, habitando desde tiempos milenarios en diversas regiones del Perú, ubicándose mayoritariamente en la selva central, abarcando los territorios de Ucayali, Ayacucho, Junín, Pasco, Huánuco y Cusco. Esta comunidad nativa que forma parte de la familia lingüística arawak, sienta su cultura en valores como la unión y el respeto no solo con las costumbres y los saberes tradicionales, sino también con la naturaleza, puesto que gran parte de su identidad se encuentra ligada a la defensa de sus territorios.

Las creencias asháninkas muestran una conexión espiritual entre el pueblo y la naturaleza, puesto que los "chamanes" o "sheripiari" son representados como figuras espirituales capaces de "conversar" tanto con bosques, montañas, lagunas y ríos; así como con espíritus. Además, se cree que los chamanes son capaces de curar ciertas enfermedades.

Las dificultades

A pesar de sus amplios conocimientos y conexiones con la naturaleza, el pueblo Asháninka ha sido víctima de múltiples conflictos históricos que han ido desde disputas territoriales hasta amenazas medioambientales. Estos hechos llegaron a provocar desplazamientos por parte de la comunidad indígena que se veía despojada de sus tierras, así como numerosas pérdidas producto de conflictos armados que ensombrecieron tanto al pueblo amazónico como al país.

Partiendo desde tiempos coloniales, las dificultades que esta comunidad ha atravesado se pueden ver reflejadas en la tardía intrusión española en el territorio Asháninka. En 1632, un siglo después de la llegada de los europeos al Perú, los antepasados Arawak sufrieron del proceso de evangelización encaminado por los misioneros franciscanos, donde no solo fueron víctimas de las imposiciones ideológicas, sino también de las enfermedades que los colonizadores trajeron consigo, provocando una disminución en la población. Estos hechos motivarían los futuros levantamientos de los que esta comunidad fue parte junto a otros pueblos originarios.

El siglo XIX trajo consigo el desplazamiento de la comunidad que terminaría refugiándose en las cuencas del río Ene y Tambo luego de que pobladores de origen europeo y andinos comenzaran a penetrar en su territorio al adquirir buena parte de este. El boom de las exportaciones del caucho producida a finales del siglo XIX y principios del siglo XX representó también un periodo de violencia contra este pueblo, el cual empezó a ser sometido para múltiples trabajos forzados y en la explotación de la mano de obra Asháninka. Pese a ello, un mejor futuro para la comunidad comenzaría a nacer luego que durante las décadas de 1970 y 1980 surgieran las primeras organizaciones políticas Ashaninka con el objetivo de reivindicar esta cultura.

La expansión de Sendero Luminoso y del MRTA a la selva central representó un nuevo periodo de dificultades para la comunidad Asháninka, quienes fueron uno de los grupos indígenas más afectados por los conflictos armados. De igual forma que en las zonas andinas, los grupos subversivos extendieron su lucha armada a través del enrolamiento forzoso de integrantes indígenas a sus filas y la desaparición de todos aquellos que se atrevieran a confrontarlos. La presencia del ejército en la lucha contra las organizaciones terroristas no disminuyó este sufrir, puesto que la comunidad Asháninka se vio inmiscuida en el fuego cruzado, resultando en la desaparición de gran parte de su población asentada en los ríos Perené, Ene y Tambo.

La reserva

A pesar de todas estas dificultades, el pueblo Asháninka finalmente se vería beneficiado, puesto que el 14 de enero del 2003, mediante un decreto supremo, se establecía la Reserva Comunal Asháninka, ello con el fin de preservar la biodiversidad y la relación entre estos pueblos originarios con su ecosistema. Resguardado en la Cordillera de Vilcabamba, este santuario se extiende alrededor de 184 468.38 hectáreas, comprendiendo los distritos de Río Tambo, en la provincia de Satipo, región de Junín; y Pichari, en la provincia La Convención, región Cusco.

Mamíferos como monos, felinos, venados y osos; o aves como guacamayos y paujiles, son algunas de las especies que han encontrado resguardo en esta área que preserva tanto a la fauna como a la flora. Árboles maderables, palmáceas y plantas de uso medicinal se unen para aportar diversidad a este ecosistema que convive en armonía con las comunidades Asháninkas que pueblan el territorio.

De esta forma, la conmemoración de la inauguración de la Reserva Comunal Asháninka busca resaltar la lucha que estos pueblos originarios han presentado a lo largo del tiempo, a través de múltiples hechos históricos que, por más complejos que fueron, nunca apagaron el temple de estas comunidades por reivindicar su cultura y mantenerse firmes en la defensa del territorio y de sus costumbres. Es el resultado de múltiples esfuerzos que lanzan un grito sobre todo el Perú para indicar que no se han ido.

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