Elecciones 2026: La ONPE de Piero Corvetto no garantizó la transparencia del proceso
Escribe: Wilson Aranda Roncal
Han pasado ya siete días desde el domingo 12 de abril, fecha de la primera vuelta electoral, sin que a la fecha tengamos un resultado fidedigno de quién será el contendor de la candidata presidencial de Fuerza Popular, Keiko Fujimori Higuchi en la segunda vuelta que decidirá quién gobernará Perú para el período 2026-2031, si en ese lapso no suceden eventos extraordinarios.
Pero, al momento de escribir estas líneas, la secretaria general del Jurado Nacional de Elecciones (JNE), Yessica Clavijo Chipoco, ha manifestado que los resultados oficiales, con resolución de actas impugnadas, se sabrá hacia la primera quincena de mayo. Es decir, el pequeño margen de votos que separa al candidato comunista o “izquierdista” de Juntos por el Perú, Roberto Sánchez Palomino, y a Rafael López-Aliaga Cazorla, de la derecha conservadora, seguirá teniendo en vilo a los seguidores de uno y otro aspirante a medir fuerzas con el fujimorismo y también a los demás ciudadanos que votaron por otros postulantes, muchos de los cuales ni siquiera llegaron al 2% de caudal electoral.
Peor aún, tanto Sánchez como López-Aliaga han puesto entre la espada y la pared a la Oficina Nacional de Procesos Electorales (ONPE) que jefatura el inefable Piero Corvetto Salinas, y al JNE presidido por un tibio Roberto Burneo Bermejo. Uno y otro candidato han amenazado con salir a las calles si no se respeta el veredicto de las urnas, que cada uno asegura que le favorece.
Piero Corvetto es el culpable de esta encrucijada. Él tiene la responsabilidad causal en las gravísimas irregularidades que ocurrieron el 12 de abril, que han dado pábulo a las acusaciones de fraude que han lanzado diversos políticos y organizaciones, incluyendo varios candidatos presidenciales. Entre las perlas denunciadas está el supuesto contrato corrupto con la empresa Galaga, quien debió encargarse del despliegue del material electoral. Sin embargo, ha salido a la luz que los camiones de Galaga estaban listos y esperando al personal de la ONPE, quienes nunca llegaron.
Además, la extensión no solo de la hora de sufragio por la demora de instalación de mesas, sino también de la fecha, pues los órganos electorales, tras deliberar, decidieron que se vote también al día siguiente, con lo cual se contraviene la ley electoral que señala que las mesas no instaladas hasta las 12 del día deben declararse nulas.
Por lo demás, resulta sospechoso, que donde más problemas con la instalación de mesas se dieron fue en Lima, los lugares donde López-Aliaga tenía más aceptación. ¡Y esto sucede en la capital!, con mayor conectividad vial y de comunicaciones. Sin embargo, ¡oh sorpresa!, en las circunscripciones más recónditas y con geografía más agreste, el material de sufragio llegó a tiempo y eran jurisdicciones donde Juntos por el Perú sacó más ventaja. Ante la situación creada, yo no hablaría de fraude. Pero sí de indicios que deben investigarse y descartarse para la salud democrática bastante precaria de la que gozamos. El elector peruano no merece acostarse y levantarse con la duda.
Transparencia o ¿Trafarencia?
Este drama, tragedia y hasta comedia electoral, pues de todo tiene un poco, no estaría completo si no hablamos de la posición de la Asociación Civil Transparencia, que, pese a las graves irregularidades, lo sancionó como un proceso “creíble y transparente”. ¿Transparencia o Trafarencia? Y, para no quedarse atrás, la Misión de Observadores de la Unión Europea concluyó que “todo se desarrolló con tranquilidad y sin irregularidades”. Estoy seguro que estos señores vinieron a hacer un tour, pero no un monitoreo serio de la ejecución del acto electoral nacional.
La solución
Con la seriedad que me caracteriza, desde este humilde espacio, y para evitar que las emociones se desborden y representen un alto costo social, propongo al JNE y a la ONPE tomar en cuenta mis sugerencias que podrían llevar a salir de esta crisis en la que nos ha metido Corvetto. La primera es que podría darse elección en segunda vuelta con tres candidatos: Keiko Fujimori, Rafael López-Aliaga y Roberto Sánchez. La segunda, se podría tirar la moneda entre López-Aliaga y Sánchez para ver quién rivalizará con Fujimori. Eso sí, debería hacerse en un acto de gran relevancia, con notarios de ambos candidatos y en palacio de gobierno. Finalmente, así como el pulpo Paul, en Sudáfrica 2010, o nuestro cuy Renato, en la Copa América 2024, podría usarse nuestra ave nacional, el gallito de las rocas, para dar el espaldarazo a uno de los candidatos poniendo la foto de ellos en sendos palomares.
P.D: Obviamente, el apartado La solución, no lo es en modo alguno … pero, y si Roberto Burneo y Piero Corvetto lo consideran.