Crítica a 28 years later: the bone temple cansado y sin rumbo, todavía andando

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Escrito por: NTrujillo

Escribe: Luis Vega

28 Days Later, dirigida por Danny Boyle y escrita por Alex Garland, dio nueva vida a un género olvidado. Con su atípico trabajo de cámara y su modesto presupuesto exprimido al máximo (tan solo ocho millones de dólares), la película demostró que aún había posibilidades por explorar en la lánguida figura del muerto viviente. Obras posteriores, como la lograda Dawn of the Dead de Zack Snyder o la franquicia The Walking Dead, se han servido de su éxito. El año pasado, la dupla Boyle-Garland volvió por lo alto con 28 Years Later, tercera entrega que, fiel al espíritu de la saga, fue filmada con iPhones 15. Cosechó un respetable éxito de taquilla y obtuvo buenas reseñas. Esta semana se estrenó su secuela, 28 Years Later: The Bone Temple, dirigida por Nia DaCosta. Y como la original en su momento, tiene mucho que decirnos sobre el género que se resiste a morir.

The Bone Temple es un seguimiento muy directo de 28 Years Later, pero transmite una vibra diferente. A su manera, son igual de extrañas. Danny Boyle equilibró su dirección hiperactiva y estrafalaria con una historia por lo demás convencional, con un joven héroe que crece gracias a sus experiencias. Por otro lado, aunque formalmente más acomedida y funcional, la película de DaCosta deforma las convenciones narrativas con sorpresiva desfachatez. A media hora de terminar, aún parecía en el primer acto. Los protagonistas son el solitario doctor Ian Kelson (Ralph Fiennes) y el esquizofrénico líder de culto Jimmy Crystal (Jack O’Connell), personajes mucho más vistosos que el niño Spike, pero también completamente estáticos, que no crecen, no cambian, solamente son. La gracia de la trama está en verlos interactuar, como si de animales del zoo se tratasen. Divertido, sí. Particularmente interesante, no tanto.

En una saga que siempre ha sabido aprovechar una financiación limitada, The Bone Temple se siente más humilde que nunca. Debido al vago tratamiento de sus temas y la reutilización de las locaciones de su antecesora, parece un capítulo de serie de televisión. Entiendo que aprovecharan al máximo el templo de huesos, pero ya había sido explorado, y mejor, en la anterior película, y los demás escenarios (una cabaña, campos, un tren roído, poco más) carecen de atractivo. La curiosidad de Garland se limita a la naturaleza de la infección y no al mundo. Como si la isla, entre entregas, se hubiera encogido.

Sin embargo, lo más revelador del filme es su tratamiento de los zombies. Hay señales de que los realizadores están cansados de ellos: vemos pocos en acción, desplazados por la amenaza que representan los Jimmy, e incluso uno recupera la consciencia en el clímax. La mejor escena de la película es un despliegue de humanidad pura, el espectáculo del doctor Kelson; no hicieron falta monstruos. Casi 60 años después de Romero, el género inevitablemente ha perdido novedad. Si 28 Days Later le dio otra oportunidad a los muertos, The Bone Temple profetiza un segundo final. ¿Será hora de dejarlos descansar?

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