La carrera electoral ya ha empezado. En medio de la turbulencia de esta pandemia, partidos y candidatos han comenzado a hacer sus respectivas campañas para las elecciones generales a realizarse el domingo 11 de abril del año entrante. Elecciones que se harán en un entorno muy especial para intentar volver a nuestra anterior realidad. ¿Nuestra anterior realidad?

Una vez empezada la pandemia a nivel mundial, esta ha ido acompañada por un deterioro ascendente del sistema económico basado en el mercado de consumo. Es un modelo que se optó desde hace décadas y que, a raíz de esta epidemia, ha expuesto graves falencias en casi todos los países, como el nuestro. Pocos son los países que se pueden jactar de ello: en la historia se ha visto que comercio de todo tipo (incluido, servicios como el turismo) acompaña de manera concomitante la expansión de cualquier enfermedad. Este es un nuevo escenario que, según expertos, durará no solo un año. Aquí va mi primera inquietud: la forma cómo irán a responder los actuales partidos políticos ante esta nueva situación. Prometer lo mismo es crear un caldo de cultivo de resentimiento social y les puede estallar en las manos.

El segundo gran escenario que causó indignación es el descuido del sistema de salud con el de educación en las últimas décadas: los grandes vacíos en el primero son los generadores de las tragedias que estamos viendo en estos días. A nadie ya escapa la muerte o dolencia de un familiar, de un amigo, compañero de trabajo, personalidades. Negar esa realidad es como rechazar de plano el cambio necesario para atender la salud pública. ¿Qué dicen los candidatos y partidos al respecto? ¿Han estudiado la situación? ¿Qué propuestas nos han de alcanzar para esta nueva campaña? Esto va acompañado necesariamente con la educación. La salud y educación, junto con cultura, han sido las cenicientas de todos los últimos gobiernos. Los tres hubieran ayudado a desarrollar la prevención, la comunicación y contención de una población que vio muchas acciones desarticuladas y con sensación de abandono.

Y una tercera inquietud: la calidad de trabajo e informalidad. Hemos visto cómo se han perdido plazas laborales y la transformación de muchas. La pérdida se ha dado no solamente por la desactivación de varias empresas, sino por la rápida implementación del trabajo remoto. Esto ha hecho que muchas entidades, como bancos y tiendas, por ejemplo, comiencen a cerrar sus agencias y hayan optado el trabajo virtual (ventas, servicios, etc.) reduciendo personal y tomando nuevos criterios de evaluación laboral de ahora en adelante; fuera del hecho que los tiempos laborales en este nuevo escenario no está regulado y ya vemos muchas personas que reciben una sobrecarga laboral que no la solían tener en el trabajo presencial. De esta nueva realidad, surgen tres cuestionamientos más que ya se podrán discutir la semana entrante: interconectividad, derechos laborales y descentralización.

Gerardo Cailloma

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Por NTrujillo

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