Clementina narra las masacres perpetrados por los terroristas en el distrito de Sayapullo, en Gran Chimú. Ella se salvó de morir por vivir a escondidas para no ser asesinada.

Por: Alejandro Quispe | Noticias Trujillo

Tras la muerte del genocida y cabecilla terrorista de Sendero Luminoso, Abimael Guzmán Reynoso, Noticias Trujillo recogió el testimonio de una ciudadana, quien fue testigo de varias masacres perpetrados por la organización terrorista en la provincia Gran Chimú, ubicada al noroeste de Trujillo.

El distrito de Sayapullo, provincia de Gran Chimú, fue una de las zonas más golpeadas por Sendero Luminoso en las décadas de los 80 y 90 en la región de La Libertad, cuando el terrorista Abimael Guzmán decidió declararle la guerra al Estado peruano matando a sangre fría a más de 70 mil peruanos.

Según el relato de Clementina, a quien la llamaremos así para guardar su identidad, el pensamiento ‘Gonzalo’ se esparció en los habitantes del caserío Rancho Grande. Además de las masacres contra los campesinos bajo la modalidad de “luchar por el pueblo”.

Los inicios de Sendero

A mediados de los años 80, cuando la ideología del genocida Abimael Guzmán ya se propagaba a nivel nacional y se venían cometiendo los primeros atentados, un grupo de jóvenes —haciéndose pasar como docentes— llegaron hasta los caseríos Simbrón, Rancho Grande y El Porvenir, en el distrito de Sayapullo, para invitar a ser partícipes de las “Escuelas Populares”.

Sin imaginar que dichas clases servirían para adoctrinar y captar a jóvenes a las filas de la organización terrorista. Es ahí que comienza una serie de atentados que vivieron dichos centros poblados entre los años 1980 y 2000. Según las conclusiones del Informe Final de la Comisión de la Verdad y la Reconciliación (CVR) del Congreso de la República, Sendero Luminoso fue el principal responsable de las muertes ocurridas en este periodo, las cuales ascienden a 70 000 a nivel nacional.

Clementina nos comenta que a fines de los 80 se desató el terror en los caseríos aledaños a Sayapullo. Masacres y explosiones eran el pan de cada día. Muchos eran amenazados de muerte si no apoyaban al presidente ‘Gonzalo’, como se hacía llamar Abimael Guzmán. A las 5 de la tarde, los ciudadanos corrían a las chacras para esconderse de los terroristas para no ser asesinados.

“Eran tiempos muy horribles. Aún recuerdo cómo mataban a comuneros, docentes y hasta alcaldes de nuestros caseríos. Todos los días, a partir de las 5 de la tarde, teníamos que huir a nuestras chacras para escondernos de los senderistas. Ellos bajaban por las noches para reclutar a comuneros y los que se oponían eran torturados y asesinados”, con lágrimas, Clementina recuerda el terror en esos años.

Las masacres

Según el Informe Final de la Comisión de la Verdad y la Reconciliación (CVR), decenas de crímenes y atentados fueron perpetrados por los terroristas entre los años 1980 y 2000 en la zona de Sayapullo y sus caseríos. Lorenzo León Sánchez, junto a su familia, fue masacrado en la noche del 27 de agosto de 1983. Al instante, los senderistas asesinaron a Artemio Bravo, teniente alcalde del caserío Cachachi.

No solo se ensañaron contra autoridades, sino también contra ganaderos de la zona. El 3 de enero de 1991 en la carretera que nos dirige al distrito de Cajabamba desde Chingol, en el distrito de Cachachi, miembros del Partido Comunista Peruano- Sendero Luminoso (PCP-SL) atacaron al ganadero Gliserio Guerra Quispe, quien murió tres días después. ¿La razón? No apoyar a Abimael Guzmán.

¡Abajo los soplones! ¡Abajo los mantenidos de Estado! Estas fueron las frases pintadas en las paredes de la estatal Enaco SAC., lugar donde trabajó Segundo Quispe, esposo de Clementina. El miedo los invadió. Los terroristas dinamitaron la empresa matando a decenas de empleados. El hombre de 29 años logró escapar; sin embargo, fue amenazado en múltiples ocasiones.

Uno de los crímenes que conmovió la zona fue el asesinato del agricultor Ermitaño Polo Juárez, ocurrido el 8 de septiembre de 1992, en la localidad de Citabamba, distrito de Cajabamba, en donde miembros de PCP-SL sacaron de su domicilio para llevarlo a un puente cercano para asesinarlo porque se negó a ayudar a los senderistas.

Resistencia

Durante el periodo sangriento, los ciudadanos construyeron una base militar en el caserío El Porvenir a fin de frenar el avance de Sendero Luminoso. Clementina nos narra que, tras el arribo del Ejército peruano, junto a otras autoridades, la violencia se incrementó. Por las noches se escuchaban los estruendos de las balas por el enfrentamiento de los terroristas contras las fuerzas estatales.

“En horas de la mañana me encontraba haciendo mis quehaceres de la casa. Aún recuerdo que ese día mis hijos se iban a ir de paseo a El Porvenir, un caserío que está a 45 minutos de mi Rancho Grande. Es en ese momento que se desata uno de los peores enfrentamientos que he podido vivir. El sonido de las balas se escuchaba como fuegos artificiales. Fue muy horroroso. No me puedo olvidar aquel día, no había donde escondernos”, narró Clementina.

La paz tras su captura

En horas de la noche del 12 de setiembre de 1992, Abimael Guzmán Reynoso fue capturado por el Grupo Especial de Inteligencia Nacional (Gein) en Surquillo, Lima. En el mismo tiempo se intervino a otros ocho senderistas, entre ellos las cabecillas Laura Zambrano Padilla, conocida como camarada “Meche”, y Elvia Nila Iparraguirre Revoredo, esposa de Guzmán.

En ese mismo año, Abimael Guzmán fue sentenciado a cadena perpetua por el delito de traición a la patria y encarcelado en la Base Naval del Callao, donde permaneció hasta el 11 de septiembre de 2021, fecha en el que falleció a los 86 años de edad. 

Guzmán, o el camarada ‘Gonzalo’ como era conocido entre los senderistas, fue hallado responsable del delito de terrorismo agravado y homicidio calificado, por planificar el lugar, modo y objetivo de cinco atentados de Sendero Luminoso, entre ellos la matanza de Lucanamarca, en 1983. Además, junto a otros nueve terroristas, fue sentenciado a otra cadena perpetua por el atentado en la calle Tarata de Miraflores, en 1992.

¿El fin de la doctrina ‘Gonzalo’?

La captura de Abimael Guzmán trajo paz en el país tras una década negra en la historia peruana. Ahora, su muerte significa el fin de su presencia en la Base Naval del Callao, pero no su doctrina. En la zona agreste de la selva, la Policía ha detectado varios grupos terroristas camuflados como trabajadores cocaleros, quienes operan desde hace varios años como productores de drogas. Ellos se encuentran armados y perpetran ataques contra la misma Policía.