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miércoles, junio 12, 2024

Después de la tormenta, la calma llegará

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El último año ha significado una gran travesía para la mayoría de peruanos, sino para todos. Hemos vivido en 12 meses, lo que probablemente hubiéramos recordado en 10 años. La crisis política con este gobierno que se auto exterminó por la propia ineptitud de su principal referente, Pedro Castillo, ha resultado el colapso en todos los ámbitos de la esfera política de nuestro país y de la estructura del estado.

Un panorama político que cada vez se tornaba más lamentable, más rudimentario, precario hasta el extremo, y que finalmente, terminó con uno de los episodios más nefastos en la vida republicana de nuestro país. Muchos tratamos de avizorar una muerte anunciada, por los propios actos de un improvisado tinkero presidencial, y que era el provisional inquilino de palacio de gobierno; sin embargo, toda posibilidad de conclusión anticipada quedó corta a cualquier imaginación, la ineptitud y la torpeza desbordaron cualquier proyección, hasta la pitonisa más acertada, no pudo adivinar este descalabro presidencial.

Y a pesar de todo, no podemos dejar de sentir satisfacción, sosiego y calma. Es lamentable, que ello, haya significado la pérdida de vidas humanas, la nefasta y provocadora participación de izquierdistas radicales, promotores de violencia delincuencial, y cómo no reconocer, la falta de tino político, de parte de quien recibía con prontitud la delegación constitucional de ser presidenta del Perú; sumado todo significaron caos. Todo suma, todo se analiza. Todo tiene una razón. Y esa razón, las podemos tener todos como ciudadanos y peruanos, pero es fundamental que a cada razón le demos argumentación. Es válida siempre cada postura, pero con razonable justificación.

Al iniciar este año, y ya con los anuncios de nuevas protestas y reclamos, no nos queda más que exigir que cualquier manifestación sea en la ponderación. El derecho de cada uno termina donde inicia el derecho de los demás. Esa debe ser la premisa, todos tenemos derecho a vivir en paz,  en armonía, sin sobresaltos, sin atropellos. Las diferencias se comprenden, pero no se acepta la violencia. Vivimos en un estado de derecho, donde el ciudadano y la autoridad está limitada, su comportamiento no es arbitrario y al libre albedrio. Sino, ¿qué sería del mundo sin un límite?, sin regulación. Ojalá este nuevo año, sea la oportunidad de corregir errores, o por lo menos encausar un camino de mejora; la cual no es de la noche a la mañana, pero siempre el inicio es la voluntad y le decisión.

Que este año nuevo nos permita reflexionar, porque vivimos y hemos vivido años de gobernanza precaria, pero no es la responsabilidad de unos cuantos. Un sistema funciona con todas sus partes, cada una de ellas tienen una función, una tarea. Asumamos la nuestra, como ciudadanos, como padres, como hijos, desde la cantera que nos toque estar. ¡Próspero año para todos!

Giovanna Beltrán P.

Comunicadora Social y Abogada colegiada

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