Si cuando juega la selección, el país ingresa a un fenómeno social único y esperado. No cabe duda que las ansias se acrecientan por ver al once de todos luchando y dejando todo en la cancha por su clasificación al mundial de Qatar 2022.

Y es que cuando juega la selección, el país entero solo respira fútbol. El salir a las calles y poder ver tanta gente que lleva puesta con orgullo la camiseta nacional. Esa emoción de niños que embarga al pueblo peruano durante todo el día esperando ver a la selección jugar. Si todo lugar está unido con un solo objetivo y que no resiste de incluir a todo ámbito en la fiesta del fútbol.

Es inexplicable descifrar lo tenso que nos volvemos cuando se va acercando más el lunes 13 junio, fecha decisiva para saber si estaremos en el próximo mundial. Hay que manejar la compostura, pero, ¿cómo ocultarlo?, si estamos deseosos de ver el chocolate de Cueva, la garra de Lapadula, la sobriedad de Gallese o, quizá, lo estratega que es nuestro entrenador llamado Ricardo Gareca.

Han sido unas clasificatorias algo afectadas por la pandemia, pero se pudo sacar adelante viniendo desde atrás. Lo que es una realidad, es que esta clasificación es más o igual de importante a la de Rusia 2018, porque ese grito contenido durante el confinamiento y la vida accidentada que ha ido cediendo de a pocos a la normalidad, se verá al terminar el partido frente a Australia, Dios quiera, con un resultado que nos haga delirar de alegría. Sí, esos sentimientos que no solo ayudan personalmente, sino como grupo, como sociedad, como país, que solo puede generar la selección peruana.

Somos 34 millones de peruanos que estamos contigo, es por eso y por muchas cosas más que siempre te diremos ¿cómo no te voy a querer? Hoy y siempre hasta el final.

¡Arriba Perú!